“Recuerdo que fuera de la casa había un viejo roble frente a la puerta. Por
favor, como señal de que ustedes aún desean que viva a su lado nuevamente,
amarren un listón amarillo a ese árbol. Al salir del cuartel,
abordaré un autobús que pase frente a nuestra casa, y desde la
ventanilla sabré si soy bien recibido a través de esa señal. Si no veo desde
lejos el listón amarrado al viejo roble, yo entenderé que no soy bien recibido
y seguiré mi camino hacia una nueva vida, lejos de ustedes. Los amo de
cualquier manera, y siempre será así.¡¡Que Dios los bendiga a todos!!
Cariñosamente papá.”Bienvenido a Motivación al Máximo, tu fuente diaria de inspiración y desarrollo personal. Descubre historias de superación, consejos prácticos y estrategias para mantener una mentalidad positiva. Únete a nuestra comunidad para transformar tu vida con energía y optimismo. ¡Alcanza tu máximo potencial con nosotros!
domingo, 28 de octubre de 2012
AMARRA UN LISTÓN AMARILLO AL VIEJO ROBLE (REFLEXIONES)
“Recuerdo que fuera de la casa había un viejo roble frente a la puerta. Por
favor, como señal de que ustedes aún desean que viva a su lado nuevamente,
amarren un listón amarillo a ese árbol. Al salir del cuartel,
abordaré un autobús que pase frente a nuestra casa, y desde la
ventanilla sabré si soy bien recibido a través de esa señal. Si no veo desde
lejos el listón amarrado al viejo roble, yo entenderé que no soy bien recibido
y seguiré mi camino hacia una nueva vida, lejos de ustedes. Los amo de
cualquier manera, y siempre será así.¡¡Que Dios los bendiga a todos!!
Cariñosamente papá.”domingo, 21 de octubre de 2012
EL DÍA QUE MARÍA JOSÉ NACIÓ(REFLEXIÓN) (TEXTO Y VIDEO)
A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y la otra radiante y dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de María José y por el negro de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se apartaban ni un instante de mi pensamiento, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes, todo sería para mi María José.
-Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de María José: Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía él mismo. Una tarde estaba mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la niña entabla una conversación con su papá, todos escuchábamos atentamente-
-Papi, cuando cumpla quince años, ¿Cuál Será mi regalo?.
-Pero mi amor si apenas tienes diez añitos- ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?.
-Bueno, papi, tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí-
La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.
Una mañana me encontré con Randolf frente al colegio donde estudiaba su hija quien ya tenía catorce años. El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de María José, eran otras impresionantes, ninguna bajaba de 10 y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicité al dichoso padre y le invité a un café.
María José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente el de su padre.
Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando María José tropezó con algo, eso creímos todos, y dio un traspié, su papá la detuvo de inmediato para que no cayera. Ya instalados en nuestros asientos, vimos como María José fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomé en brazos mientras su padre, buscaba un taxi y la llevamos al hospital. Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, que debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban transcurriendo, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de María José, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.
Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija cuando ella le preguntó:
-¿Voy a morir, no es cierto?, Eso te lo dijeron los médicos ¿verdad?
-No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo respondió el padre.
-¿Van a algún lugar?. ¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas?. ¿Sabes si pueden volver?
-Bueno hija, respondió, en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola. Estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
-¿Al viento? ¿Y como lo harías papi?.
-No tengo la menor idea hija, sólo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaban un corazón pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡Un corazón!. ¿De dónde saco un corazón?. Lo vendían en la farmacia acaso, en el supermercado, o en una de esas grandes tiendas que hacen propaganda por radio y televisión. ¡Un corazón!. ¿Dónde?.
Ese mismo mes, María José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde, ya María José estaba operada. Todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total!. Sin embargo, Randolf no había vuelto por el hospital y María José lo extrañaba muchísimo. Su mamá le decía que ya que todo estaba bien y que sería el papá quien trabajaría para sostener la familia, María José permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.
Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.
María José, mi gran amor: "Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no estar a tu lado en este instante.
Cuando supe que ibas a morir sentí que yo también moriría contigo, y me preguntaba ¿qué podía hacer?... después de tanto pensar y sentir mil cosas dentro de mí, decidí finalmente que la mejor manera de hacer algo por ti era darle respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenias diez años y a la cual no respondí.
Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás ha hecho. Te regalo mi vida entera, sin condición alguna para que hagas con ella lo que creas que es mejor, sintiendo muchas cosas bellas y sabiendo que en el mundo lo más importante es que quieras vivir, ¡Vive hija!. ¡¡¡¡Te amo!!!!... También quiero que sepas que hoy, mañana y siempre estaré a tu lado, siempre. Te Amo y siempre Te Amaré, porque eres lo más grande y hermoso que Dios me ha dado... siempre estaré contigo, siempre TE AMARÉ...
María José lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie lo ha hecho y susurro:
-Papi ahora puedo comprender cuánto me amabas, yo también te amo aunque nunca te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir "TE AMO". Y te pido perdón por haber guardado silencio"...
En ese instante las copas de los árboles se movieron levemente y cayeron algunas flores, Sintió María José que un suave viento rozó su cara y una brisa fresca besó sus mejillas. Alzó la mirada al cielo sintiendo una paz inmensa y dio gracias a Dios por eso. Se levantó y caminó a casa con la alegría de saber que lleva en su corazón "el amor más grande del mundo"...
sábado, 20 de octubre de 2012
EL SOLDADO DE VIETNAM(REFLEXIONES)
Una Historia de Motivación Personal
Una historia que fue contada por un soldado que pudo regresar a casa después de haber peleado en la guerra de Vietnam.
Le habló a sus padres desde San Francisco:
Mamá, Papá, voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor, traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros.
Claro, le contestaron, nos encantará conocerlo.
Hay algo que deben de saber, el hijo siguió diciendo... él fue herido en la guerra; pisó una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna. Él no tiene adonde ir, y quiero que se venga a vivir con nosotros a casa.
Siento mucho escuchar eso hijo, a lo mejor podemos encontrar un lugar en donde él se pueda quedar.
No, mamá, papá, yo quiero que él viva con nosotros.
Hijo, le dijo el padre, tú no sabes lo que estás pidiendo, alguien que está tan limitado físicamente puede ser un gran peso para la familia.
Nosotros tenemos nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que algo como esto interfiera en nuestras vidas. Yo pienso que tú deberías de regresar a casa y olvidarte de esta persona, él encontrará una manera de la que pueda vivir solo.
En ese momento el hijo colgó el teléfono.
Los padres ya no volvieron a escuchar de él.
Unos cuantos días después, como sea, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco... su hijo había muerto después de haberse lanzado de lo alto de un edificio. Fue lo que les dijeron. La policía creía que era un suicidio.
Los padres, destrozados por la noticia, volaron a San Francisco y fueron llevados para que identificaran a su hijo.
Ellos lo reconocieron; para su horror, descubrieron algo que no sabían, su hijo tan solo tenía un brazo y una pierna.
Los padres de esta historia son como muchos de nosotros. Encontramos muy fácil el amar a las personas que son hermosas por fuera o que son entretenidas, pero no nos gusta la gente que nos hace sentir alguna inconveniencia o que nos hace sentir incómodos; preferimos estar alejados de personas que no son muy saludables, hermosas o inteligentes, "como lo somos nosotros".
Afortunadamente hay una persona que no nos trata de esa manera, alguien que nos ama con un gran amor, que siempre nos recibirá en su familia, no importa qué tan destrozados estemos, física o mentalmente.
Esta noche, antes de ir a dormir, ora a Dios para que Él nos dé la fuerza para poder aceptar a la gente tal como es, y para que nos ayude a ser más comprensivos con esas personas que son diferentes a nosotros.
Existe un milagro que se llama "Amistad" que existe en el corazón. Tú no sabes cómo pasa, ni cómo empieza, pero tú sabes la ayuda especial que tiene y te das cuenta que la amistad es el regalo más preciado que tenemos.
Los amigos son una joya muy rara, en toda la extensión de la palabra, ellos nos hacen sonreír y nos apoyan para que progresemos; ellos nos prestan un oído, comparten una palabra de sabiduría y siempre van a abrir su corazón para nosotros.
Diles a tus amigos lo mucho que ellos te importan.
AMARRA UN LISTÓN AMARILLO AL VIEJO ROBLE (REFLEXIONES)
“Recuerdo que fuera de la casa había un viejo roble frente a la puerta. Por
favor, como señal de que ustedes aún desean que viva a su lado nuevamente,
amarren un listón amarillo a ese árbol. Al salir del cuartel,
abordaré un autobús que pase frente a nuestra casa, y desde la
ventanilla sabré si soy bien recibido a través de esa señal. Si no veo desde
lejos el listón amarrado al viejo roble, yo entenderé que no soy bien recibido
y seguiré mi camino hacia una nueva vida, lejos de ustedes. Los amo de
cualquier manera, y siempre será así.¡¡Que Dios los bendiga a todos!!
Cariñosamente papá.”EL DÍA QUE MARÍA JOSÉ NACIÓ(REFLEXIÓN) (TEXTO Y VIDEO)
A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y la otra radiante y dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de María José y por el negro de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se apartaban ni un instante de mi pensamiento, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes, todo sería para mi María José.
-Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de María José: Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía él mismo. Una tarde estaba mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la niña entabla una conversación con su papá, todos escuchábamos atentamente-
-Papi, cuando cumpla quince años, ¿Cuál Será mi regalo?.
-Pero mi amor si apenas tienes diez añitos- ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?.
-Bueno, papi, tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí-
La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.
Una mañana me encontré con Randolf frente al colegio donde estudiaba su hija quien ya tenía catorce años. El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de María José, eran otras impresionantes, ninguna bajaba de 10 y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicité al dichoso padre y le invité a un café.
María José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente el de su padre.
Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando María José tropezó con algo, eso creímos todos, y dio un traspié, su papá la detuvo de inmediato para que no cayera. Ya instalados en nuestros asientos, vimos como María José fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomé en brazos mientras su padre, buscaba un taxi y la llevamos al hospital. Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, que debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban transcurriendo, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de María José, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.
Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija cuando ella le preguntó:
-¿Voy a morir, no es cierto?, Eso te lo dijeron los médicos ¿verdad?
-No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo respondió el padre.
-¿Van a algún lugar?. ¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas?. ¿Sabes si pueden volver?
-Bueno hija, respondió, en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola. Estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
-¿Al viento? ¿Y como lo harías papi?.
-No tengo la menor idea hija, sólo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaban un corazón pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡Un corazón!. ¿De dónde saco un corazón?. Lo vendían en la farmacia acaso, en el supermercado, o en una de esas grandes tiendas que hacen propaganda por radio y televisión. ¡Un corazón!. ¿Dónde?.
Ese mismo mes, María José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde, ya María José estaba operada. Todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total!. Sin embargo, Randolf no había vuelto por el hospital y María José lo extrañaba muchísimo. Su mamá le decía que ya que todo estaba bien y que sería el papá quien trabajaría para sostener la familia, María José permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.
Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.
María José, mi gran amor: "Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no estar a tu lado en este instante.
Cuando supe que ibas a morir sentí que yo también moriría contigo, y me preguntaba ¿qué podía hacer?... después de tanto pensar y sentir mil cosas dentro de mí, decidí finalmente que la mejor manera de hacer algo por ti era darle respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenias diez años y a la cual no respondí.
Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás ha hecho. Te regalo mi vida entera, sin condición alguna para que hagas con ella lo que creas que es mejor, sintiendo muchas cosas bellas y sabiendo que en el mundo lo más importante es que quieras vivir, ¡Vive hija!. ¡¡¡¡Te amo!!!!... También quiero que sepas que hoy, mañana y siempre estaré a tu lado, siempre. Te Amo y siempre Te Amaré, porque eres lo más grande y hermoso que Dios me ha dado... siempre estaré contigo, siempre TE AMARÉ...
María José lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie lo ha hecho y susurro:
-Papi ahora puedo comprender cuánto me amabas, yo también te amo aunque nunca te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir "TE AMO". Y te pido perdón por haber guardado silencio"...
En ese instante las copas de los árboles se movieron levemente y cayeron algunas flores, Sintió María José que un suave viento rozó su cara y una brisa fresca besó sus mejillas. Alzó la mirada al cielo sintiendo una paz inmensa y dio gracias a Dios por eso. Se levantó y caminó a casa con la alegría de saber que lleva en su corazón "el amor más grande del mundo"...
EL SOLDADO DE VIETNAM(REFLEXIONES)
Una Historia de Motivación Personal
Una historia que fue contada por un soldado que pudo regresar a casa después de haber peleado en la guerra de Vietnam.
Le habló a sus padres desde San Francisco:
Mamá, Papá, voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor, traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros.
Claro, le contestaron, nos encantará conocerlo.
Hay algo que deben de saber, el hijo siguió diciendo... él fue herido en la guerra; pisó una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna. Él no tiene adonde ir, y quiero que se venga a vivir con nosotros a casa.
Siento mucho escuchar eso hijo, a lo mejor podemos encontrar un lugar en donde él se pueda quedar.
No, mamá, papá, yo quiero que él viva con nosotros.
Hijo, le dijo el padre, tú no sabes lo que estás pidiendo, alguien que está tan limitado físicamente puede ser un gran peso para la familia.
Nosotros tenemos nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que algo como esto interfiera en nuestras vidas. Yo pienso que tú deberías de regresar a casa y olvidarte de esta persona, él encontrará una manera de la que pueda vivir solo.
En ese momento el hijo colgó el teléfono.
Los padres ya no volvieron a escuchar de él.
Unos cuantos días después, como sea, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco... su hijo había muerto después de haberse lanzado de lo alto de un edificio. Fue lo que les dijeron. La policía creía que era un suicidio.
Los padres, destrozados por la noticia, volaron a San Francisco y fueron llevados para que identificaran a su hijo.
Ellos lo reconocieron; para su horror, descubrieron algo que no sabían, su hijo tan solo tenía un brazo y una pierna.
Los padres de esta historia son como muchos de nosotros. Encontramos muy fácil el amar a las personas que son hermosas por fuera o que son entretenidas, pero no nos gusta la gente que nos hace sentir alguna inconveniencia o que nos hace sentir incómodos; preferimos estar alejados de personas que no son muy saludables, hermosas o inteligentes, "como lo somos nosotros".
Afortunadamente hay una persona que no nos trata de esa manera, alguien que nos ama con un gran amor, que siempre nos recibirá en su familia, no importa qué tan destrozados estemos, física o mentalmente.
Esta noche, antes de ir a dormir, ora a Dios para que Él nos dé la fuerza para poder aceptar a la gente tal como es, y para que nos ayude a ser más comprensivos con esas personas que son diferentes a nosotros.
Existe un milagro que se llama "Amistad" que existe en el corazón. Tú no sabes cómo pasa, ni cómo empieza, pero tú sabes la ayuda especial que tiene y te das cuenta que la amistad es el regalo más preciado que tenemos.
Los amigos son una joya muy rara, en toda la extensión de la palabra, ellos nos hacen sonreír y nos apoyan para que progresemos; ellos nos prestan un oído, comparten una palabra de sabiduría y siempre van a abrir su corazón para nosotros.
Diles a tus amigos lo mucho que ellos te importan.

